El lenguaje del Alzheimer

El lenguaje en la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es una enfermedad neurodegenerativa conocida principalmente  por el deterioro progresivo y gradual de la memoria. Sin embargo, dado que pocas veces se tiene en cuenta el deterioro que esta enfermedad provoca sobre otras funciones cognitivas como por ejemplo el lenguaje, se  comentarán las dificultades, alteraciones y limitaciones que estas personas presentan en este aspecto.

 Las alteraciones lingüísticas en la enfermedad de Alzheimer son predominantes, representando un marcador de deterioro cognitivo y permitiendo predecir el grado de severidad de la demencia. De los déficits o alteraciones cognitivas que acompañan a la enfermedad de Alzheimer, el deterioro del lenguaje y la pérdida de habilidades comunicativas son algunos de los signos más significativos y de mayor impacto en la calidad de vida de la persona que la padece, así como en la de sus familiares cercanos.
Las alteraciones de la función del lenguaje en pacientes con la enfermedad de Alzheimer señalan la presencia de un trastorno lingüístico denominado afasia. Conocer la variedad de alteraciones lingüísticas que presentan estas personas en el transcurso de la enfermedad es imprescindible para poder establecer un correcto plan de tratamiento logopédico.

El retroceso lingüístico en la Primeras Fase de la enfermedad, se produce anomia (dificultad de hallar el nombre de las cosas u objetos) y comienza a evidenciarse el distanciamiento comunicativo por parte del enfermo. La reiteración, divagación, lentitud y sustituciones son frecuentes; se destaca un empobrecimiento léxico e incluso habituales incoherencias en el discurso, siendo el resto del proceso comunicativo normal, exceptuando una mala ejecución en la comprensión de frases e ideas complejas (Benson, 1988).

En la Segunda Fase, la persona presenta mayores dificultades en la comunicación producto de un deterioro del vocabulario, una incoherencia en el lenguaje expresivo y espontáneo y  fallos en la pragmática respecto de turnos conversacionales y consideración del hablante. El deterioro de la habilidad de acceso y recuperación del léxico condiciona la capacidad del sujeto para elaborar y emitir más producciones erróneas, como son las parafasias (sustitucion de palabras no evocadas por otras), perseveraciones (repeticiones incorrectas de una respuesta previa) y circunloquios (rodeo de palabras que podrían decirse de otra manera), que cumplen como sustitutivo lingüístico que palie una expresión útil en la comunicación. Los déficits agnósicos, afásicos y apráxicos comienzan en esta fase, agravándose con el avance de la enfermedad. De esta manera, el lenguaje se caracteriza por ser pobre y lento, carente de información o contenido y sustituido en partes por emisiones léxicas anómalas, tendente a la estereotipia.

Por último, la Tercera Fase de la enfermedad culmina con una afasia global o pérdida de la capacidad verbal, donde la comunicación queda totalmente afectada siendo reducida únicamente a emisiones o gemidos, balbuceos, la expresión corporal y gestos y limitada al lenguaje no verbal. La faceta comunicativa desaparece, es decir, se convierte en mutismo. Las alteraciones en el lenguaje impactan negativamente en la vida y el entorno del individuo, convirtiéndose en el primer factor de aislamiento del paciente.

La actuación profesional del logopeda es necesaria e imprescindible para tratar de retardar la evolución de la enfermedad, compensar el deterioro y mantener la intencionalidad comunicativa de estos pacientes, dado que en ocasiones restringen sus preferencias e intereses debido en gran medida a las limitaciones comunicativas e interaccionales que experimentan. Como en todo tratamiento terapéutico la participación de la familia es totalmente necesaria, observándose mejores resultados cuando el individuo se siente apoyado por su contexto familiar, social y cultural en la rehabilitación.

Por tanto, y para una  mejor efectividad y rendimiento del tratamiento, se deben dar orientaciones tanto generales como específicas a los miembros del  entorno que interactúa con el paciente. Para concluir, es necesario resaltar la importancia de una intervención especializada y estricta, que sea la adecuada y se comience a aplicar a tiempo, ya que si bien el progreso de este tipo de enfermedades es inexorable, no necesariamente aquellos que la padecen evolucionan de la misma manera, y entonces, es posible ralentizar el deterioro cognitivo y funcional.

En nuestra intervención logopédica es preciso  tener siempre en cuenta las manifestaciones individuales y únicas de cada paciente, ya que no en todos se afectan los componentes de la misma manera ni en el mismo orden. Igualmente, hay que considerar las habilidades preservadas y capacidades alteradas así como las preferencias y gustos de cada uno.